domingo, 18 de abril de 2010

UN AMOR FRÍO




La primera vez que la vi pasó desapercibida, para ser sinceros nunca había notado nada especial en ella, pero la ocasión que esta vez nos unía era completamente distinta a las anteriores, algunos querían verla y otros definitivamente no, yo me encontraba dentro de los curiosos.

Esperaba la oportunidad para acercarme a ella, de pronto la tuve ante mí, ahí estaba ella, con su vestido negro entallado, blanca como nunca había visto a nadie, se encontraba tan calmada y yo sólo podía mirar sus senos, tan perfectos como dos frutas redondas cuando están listas para comerse, se veían tan perfectos que imaginaba la infinidad de cosas que podía hacer con ellos, quería tenerlos en mi boca, y poderlos morder y chupar como si fuera el último manjar; mis ojos seguían recorriendo su cuerpo, ahora mi mirada se centraba en sus muslos tan firmes y con unas curvas tan bellas que hacían volar la imaginación de cualquiera, quería tenerlas entre mis piernas, explorarlas y poder penetrar en ellas hasta que nunca más quisieran separase de mi cuerpo, y qué decir de ese trasero tan torneado lo único que veía en el era mi lengua recorriéndolo, oliendo cada parte de su intimidad y hacerla parte de la mía.

Ella ocupaba mi mente, no podía dejar de pensar en lo bien que la pasaríamos cuando todo esto terminara, la llevaría a la habitación, la recostaría sobre la cama y comenzaría a besar sus dulces labios, aquellos labios tan pálidos y secos que lo que me tocaba a mí era remojarlos con mi lengua, sus ojos tan dulces, pero al mismo tiempo vacios hacían que me excitará cada que pensaba en ellos, quería que mis dedos recorrieran cada parte de su ser, aquel cuerpo faltó de calidez humana, entonces mis manos penetrarían en aquellos rincones que nadie se atrevería a tocar, yo quería ser el único dueño de ese cuerpo, y estaba seguro de que lo conseguiría, de pronto escuché algo que desvío mi atención, era el llanto de aquella mujer:

—No se preocupe ella ahora está en un lugar mejor —dijo uno de los asistentes—

—Pero, era tan joven —y rompió en llanto nuevamente— aún no lo puedo creer.

Entonces otro de los asistentes se acerco a la mujer y dijo:

—Mi más sentido pésame señora espero encuentre consuelo pronto con respecto a esta desagradable situación.

—Muchas gracias señor.

Toda esa gente me causaba una especie de repugnancia, el sentir ese calor humano tan desagradable me molestaba mucho, no soportaba que nadie estuviera cerca de mí a menos que fuera indispensable.

Lo único que pensaba en ese momento era en cómo sacar el cuerpo de mi amada para poder entregarme a ella en su totalidad.

Ya eran casi las dos de la mañana la gente se empezaba a ir, sólo quedaba la madre de mi amada que era gran amiga de mi madre, entonces me ofrecí a llevarla hasta su habitación y soportar ese calor humano que tanto me repugnaba con tal de estar a solas con mi amada; ella aceptó y enseguida subimos a la habitación, seguido de eso bajé hasta el vestíbulo donde se encontraba ella.

—Mi amor nunca había notado lo hermosa que eres, tal vez porque hasta este momento no lo eras en su totalidad, que dicha me da tenerte cerca de mí, tan natural, tan fría.

Entonces la cargue y la lleve hasta una de las habitaciones, la recosté y mi fantasía se empezó a hacer realidad, pero superada en un cien por ciento, su frialdad me excitaba cada vez más, le quité la ropa sutilmente y comencé a besar sus senos, tan firmes y exquisitos que después no pude evitar morderlos, fui bajando lentamente mi boca hasta tener mi lengua en sus muslos y luego introducirla en lo más íntimo de su ser, me sentía tan excitado y mi pene estaba tan erecto que sólo era cuestión de tiempo para que estallará, pero aún no podía terminar, mis dedos tocaron su lindo rostro, y recorrieron su espalda hasta llegar a aquel rincón que por fin era solamente mío, ahora toda ella era mía; sabía que aún no era tiempo de terminar así que la puse boca abajo y mi miembro penetro difícilmente en ella, una y otra vez; de pronto escuché un ruido, era la madre de Carlota que reclamaba el cuerpo de su hija al no verlo en el vestíbulo, de pronto se abrió la puerta, se escuchó un grito de horror y mi ser explotó todo lo que tenía dentro.

Aquino Téllez Gabriela Ivonne

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